IGLESIA, ARTE Y POLITICA.
27 marzo, 2019
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IGLESIA, ARTE Y POLITICA.

 

Javier Domínguez Rodrigo.

Arquitecto.

 

 

El desencuentro entre el cabildo catedralicio y la Consellería de Cultura, por la pretensión de demoler las construcciones neoclásicas que ocultan al exterior las capillas absidiales góticas -s.XIII y XIV- para dejarlas a la vista, reabre el debate acerca de los principios de preservación patrimonial.

 

El pertinaz naufragio del planeamiento municipal, anclado en criterios epidérmicos y puramente visuales, e incapaz de frenar la metástasis de su entorno al auspiciar desafortunadas operaciones de cirugía urbana: plaza de la Reina, casa del Relojero,… cuestiona su acierto y eficacia.

 

Tampoco ayuda el profuso, complejo y mutante marco normativo, plagado de duplicidades y contradicciones. Y mucho menos la farragosa, rígida y descoordinada tramitación administrativa que retrasa las autorizaciones durante años e incluso lustros.

 

Cierto es que los litigios con el consistorio vienen de antaño, constatando el anticlericalismo que surge con la Ilustración como contrapeso del racionalismo  frente a la religión. De hecho, la puerta de los Apóstoles se salvaría de la reforma clasicista merced a la negativa de la corporación a autorizar obras que compitieran con la recién inaugurada Casa Vestuario.

 

Una de las causas del conflicto radica en la enorme riqueza artística del monumento. Porque el dilatado proceso edificatorio de la Seu, más de cinco siglos, la priva de claridad tipológica pero la transforma en un extraordinario museo de una conjunción de estilos -románico, gótico, renacentista, barroco,…- con los que maestros canteros y arquitectos (Dalmau, Baldomar, Compte, Gilabert,…) cincelaron elegantes y significativos episodios.

 

Muchas son desde mediados del XX las intervenciones truncadas tanto en la propia catedral como en su entorno inmediato, razón por la que hoy perviven interinas temporalidades conformando un auténtico palimpsesto.

 

Otra es la ausencia de excavaciones arqueológicas en el interior, a pesar de la extraordinaria riqueza del telúrico lugar, en cuyo subsuelo las crónicas sitúan un antiguo templo romano sobre el que se levantaría un complejo episcopal visigótico y más tarde la mezquita aljama de la Balansinya taifal.

 

La razón probablemente está en la frustración de la curia, ante la imposibilidad de llevar acabo, en la década de los ochenta, la anhelada ampliación de la Basílica de la Virgen por la importancia de los restos hallados de la primigenia colonia tardo republicana de Valentia Edetanorum.

 

No gusta a las élites políticas locales rendir cuentas ante sus votantes, pero el coste económico de los sonados conflictos urbanísticos -manzana de Jesuitas, Basílica,…- con la jerarquía católica resulta escalofriantemente millonario para  las maltrechas arcas públicas.

 

Introducir la religión en la bronca partidista puede dar rédito electoral. Pero una cosa es acusar a un párroco de contaminación acústica por repicar las campanas (el imán por supuesto puede llamar a la hora como le venga en gana) y otra es jugar alegremente con el dinero de todos, máxime cuando cada vez es mayor la población en el umbral de pobreza.

 

Como señala Italo Calvino la polis es un heterogéneo conjunto de recuerdos, deseos, signos de un lenguaje, historias,… De ahí el concepto de conservación integrada haciendo viable que ese polifónico collage de formas y estilos perviva.

 

La magnífica recuperación de los frescos renacentistas de la bóveda del presbiterio documenta la extraordinaria combinación de iconografías alojadas en tan emblemático icono.

 

Quizá por ello sorprenda el retorno al estilo gótico que pretende el canónigo conservador. Tal decisión supone un reconocimiento a la gran repristinación de la estructura gótica realizada durante el franquismo, de acuerdo con los imperativos castizos y tradicionalistas de la estética oficial del régimen

 

Además, derribar la crujía neoclásica para dar visibilidad al misticismo agustiniano y poner una valla para que no pase nadie denota un sentido de la propiedad privada inapropiado para el ideario ecuménico de la institución.

 

El trasfondo ideológico está latente, pues la propuesta implica primar el simbolismo medieval asociado al significado sagrado de los números en la doctrina pitagórica y su utilización en las trazas góticas, que se quieren protagonistas en el espacio público.

 

La obra supondría alterar la imagen de uno de los principales testimonios de la cartografía municipal, la axonometría metódica de Tosca, cuya versión para el grabado de 1738 lo incorpora definitivamente al imaginario colectivo.

 

Por otro lado el aggiorgamiento de la ciencia urbanística tras la segunda guerra mundial -Gregotti, Rosi, Solá Morales,…- marca inequívocamente el camino de la preservación del patrimonio como legado cultural, factor de identidad, memoria antropológica y referencia temporal.

 

Porque la raíz del problema no está tanto en la lógica diferencia de intereses entre las partes como en la negativa para buscar puntos de encuentro, llegar a acuerdos y alcanzar consensos.

 

La solución pasa necesariamente por el diálogo constructivo, la participación y la transparencia. Porque la catedral es de los valencianos y sería positivo consultarles. También tendría que ponerse fin a la opacidad administrativa y todos los documentos, proyectos e informes sobre el monumento tendrían que ser accesibles inmediatamente en la red. En suma, contar con el sentir plural de la gente.