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LA PLAZA DEL AYUNTAMIENTO ¿PROBLEMA PROYECTUAL O CONCEPTUAL? - Javier Dominguez - Arquitecto
LA PLAZA DEL AYUNTAMIENTO ¿PROBLEMA PROYECTUAL O CONCEPTUAL?
28 diciembre, 2017
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LA PLAZA DEL AYUNTAMIENTO ¿PROBLEMA PROYECTUAL O CONCEPTUAL?

 

Por Javier Domínguez Rodrigo.

Arquitecto.

 

 

 

La mudanza ideológica impuesta por el tripartito al acceder en 2015 al gobierno del consistorio, supone un giro copernicano de la gestión municipal marcada, desde entonces, por el carácter excesivamente puntual y fragmentario de las intervenciones.

 

Atrás queda la ambiciosa modernización del cap i casal auspiciada por los populares y empeñada en la búsqueda de grandes iconos arquitectónicos -Ciudad de las Artes, America’s Cup,…- en los que sustentar una nueva identidad valenciana.

 

Frente a ella, el equipo de Joan Ribó aboga inicialmente por una gobernanza basada en la participación activa y en la recualificación de la res pública. Sin embargo, sobrepasado el ecuador de su mandato, aparte de unos pocos gestos sensacionalistas -restricciones circulatorias, carril bici,…- apenas se visualizan procesos reales de transformación urbana (Marina Real, Cabanyal, Velluters,…).

 

De hecho hoy, la mayoría de las cuestiones pendientes: modelo territorial, estrategia medioambiental, infraestructuras verdes, regeneración de las tramas –ciutat vella,…-, o bien continúan sin planificación alguna o son objeto de obstinadas propuestas ampliamente contestadas: movilidad, aggiornamento del casco antiguo,…

 

Sorprende la ausencia de una visión práctica y global de los problemas, olvidando que la ciudad actual es el iconoclasta resultado de más de veinte siglos construyendo una memoria antropológica que colma de  polifónicos significados una metrópoli plural, dinámica, multicultural y vibrante.

 

En ese contexto, tras dos concursos de desigual fortuna (plazas de la Reyna y de Brujas -Mercado), con bases de partida bastante mejorables (limitación a la concurrencia por condicionantes técnico-económicos,…) y jurados de amplia mayoría política, se anuncia la licitación de la reforma integral de la plaza del Ayuntamiento.

 

No cabe duda de que las plazas tradicionales valencianas como tema proyectivo están de actualidad, renovando el debate entre la concepción positivista del enclave como vacío y el pragmatismo del espacio con contenidos pensados para las personas. Porque plaza es un vocablo de amplio espectro, que conlleva atributos de naturaleza iconográfica, sicosocial, morfológica, política y filosófica.

 

Privilegiado lugar de reunión y encuentro, la singular ágora de la vigilia josefina, tiene hoy múltiples rivales en los polos comerciales, festivos, deportivos y lúdicos, a los que se han desplazado las tradicionales ceremonias y ritos de la comunidad.

 

Su azaroso devenir (jardines de San Francisco, Parque de Emilio Castelar -1899-, tortada de Javier Goerlich -1929-,…) asemeja una suerte de inagotable tapiz de Penélope, incapaz de encontrar fórmulas eficaces que aseguren en el tiempo un merecido protagonismo espacial y simbólico.

Además, la plaza del Ayuntamiento goza de una misión primordial fijada ya en su primigenia configuración: servir de foro cívico y solemne antesala (engalanada con fuentes, esculturas -marqués de Campo,…-, parterres vegetales, kioscos de floristas,…) al imponente palacio municipal que preside la escena con una monumental fachada noble, de barroca ornamentación e impecable simetría.

 

Desvirtuada en los sesenta como vulgar aparcamiento y nudo para el tráfico rodado, lleva décadas reclamando una alternativa más amable que ponga fin a tantos anómalos vaivenes (tres reformas en apenas un siglo, dos concursos fallidos,…) y excesos sustitutorios (esquina con Barcas, comercios históricos -Balanzá, Oltra, Derrey-,…).

 

Extraña que tan abultado cúmulo de erráticos planteamientos en el pasado ni siquiera suscite hoy una reflexión interdisciplinar acerca de los motivos, despropósitos y causas del reiterado fracaso y del quid último de la presente situación.

 

Porque la fantasía creativa del arquitecto sirve para resolver cuestiones de reconstrucción tipológica y diseño urbano, pero la especificidad funcional, iconográfica, colectiva e institucional que hace de la plaza un auténtico lugar para la  utopía y sobre todo de síntesis, precisa ineludiblemente de una propuesta programática.

 

Conviene recordar que la soberbia envolvente arquitectónica está ya perfectamente definida y que la intervención de regeneración patrimonial y paisajística se focaliza a nivel del suelo, de la forma, el grafismo y su contexto.

 

Para no repetir yerros pretéritos urge que un panel de expertos fije con precisión unos objetivos claros y un programa de usos solvente, que pueda ser avalado por una amplia mayoría ciudadana. Carece de sentido plantear la reforma de la plaza como una actuación aislada sin un estudio completo de la movilidad -transporte público, peatonalizaciones,…- de todo el centro.

 

Dada la importancia del eje visual conformado por la avenida Marqués de Sotelo conectando con el recinto de la estación de ferrocarril, el ámbito objeto del proyecto debería ampliarse a las calles circundantes e incluir al menos un bulevar como este, lleno de potencialidades.

 

Igualmente resulta imprescindible formular un plan arqueológico que permita rescatar los restos (ábside, campanario, claustros,…) y trazas del antiguo convento de San Francisco. Proponer la convocatoria de otro concurso sin haber realizado previamente ni catas, ni prospecciones (georadar,…) para determinar la localización exacta y la potencia de los estratos es inaceptable.

 

Sin un diagnóstico coherente no pueden darse soluciones eficaces, por lo que deben consensuarse también los principales criterios patrimoniales respecto al papel museológico, representativo y didáctico de las piezas edilicias de mayor relevancia (Rialto, Correos,…) como polisémicos objetos monumentales de un tejido de gran valor.

 

Sería una lástima que la torpeza burocrática, el narcisismo institucional o la falta de participación colectiva impidieran concretar el ambicioso programa de necesidades funcionales, urbanísticas y simbólicas que tan emblemático lugar requiere y al que la arquitectura deberá dar respuesta.

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