EL DERECHO A LA CIUDAD
7 Septiembre, 2014
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375-CIUDAD copiaHace dos décadas que Valencia, emulando a otras grandes ciudades españolas (Barcelona, Bilbao…), inició la redacción de su primer Plan Estratégico buscando poner en valor sus principales ventajas competitivas para posicionarse en el codiciado mapa de la globalización.

Aquel PEV con el soporte de un marco normativo neoliberal – Ley Reguladora de la Actividad Urbanística de 1994, Plan General de 1988, …-alumbraría una etapa opulenta de expansión desarrollista -Ademuz, Avda. de Francia, Moreras…- consolidando una nueva periferia (más de 300 Ha) mermada de diseño y escasa de sensibilidad medioambiental.

El Cap i Casal, gobernado por el Partido Popular desde 1991, ha vivido en ese periodo una profunda transformación urbana: finalización del Jardín del Turia (parque de Cabecera…), consolidación del puerto como plataforma logística intermodal, recuperación de la dársena (America’s Cup…), construcción de infraestructuras de movilidad (metro…), de grandes equipamientos turístico-culturales (Ciudad de las Artes, recinto Ferial, palacio de Congresos…),…

Sin embargo, siendo muchos los logros, la actual recesión económica ha provocado que aquel optimismo del cambio de siglo mute en inseguridad y desánimo colectivo. El otrora sólido liderazgo ha acabado por convertirse en un autismo político crónico, evidenciando el agotamiento de un proyecto incapaz, tanto de dar una respuesta social a la crisis como de planificar eficazmente el futuro post-eventos (Gran Premio de Europa de Fórmula I, Copa América…).

Urge superar el miedo al debate y hacer autocrítica señalando los excesos sinsentido (sobrecostes de infarto en la obra pública…) de una burocracia negligente. Pero también es precisamente ahora cuando resulta más necesario recuperar los principios inspiradores del planeamiento estratégico: capacidad de lograr amplios consensos, visión integral a largo plazo, innovación, flexibilidad, concertación interadministrativa, superación de la dicotomía plan-proyecto

Asistimos a un fin de ciclo en que la ciudadanía angustiada por los recortes reclama reformas (listas abiertas…) y cambios profundos en las reglas de representación-participación democrática, y en la gobernanza urbana, huérfana de honestidad. Por ello, recobra vigencia la obra La Production de l’espace (1974) de Henri Lefebvre cuyo manifiesto Le Droit à la ville (1968) sirve de título a estas líneas.

Porque como denunciaba hace ya casi medio siglo el filósofo francés, los procesos de especulación y gentrificación que precedieron al estallido de la burbuja inmobiliaria no fueron sino el resultado de determinadas malas prácticas político-financieras, que han dejado en la capital heridas (Marítimo…) cada vez más visibles.

El urbanismo nunca fue una ciencia técnico-jurídica carente de ideología. De hecho su sacralización con el tecnocrático pretexto de garantizar un cierto orden no ha sido más que una burda tapadera para ocultar obscenos negocios con el territorio (Astroc-Bañuelos…) y la consiguiente privatización de plusvalías (Porxinos…).

Paralelamente se creó un caldo de cultivo idóneo para la floración de megalómanas construcciones emblemáticas (Palau de les Arts, l’Agora…) al servicio de una narcisista concepción de la ciudad como espectáculo, que agotó los recursos disponibles e hipotecó los futuros comprometiendo el bienestar de las generaciones siguientes. Para colmo convertirían en dogma la reducción del desmesurado déficit que habían ocasionado.

La principal lección del reciente pasado es que si bien se ha avanzado en cuestiones esenciales, también ha habido omisiones y errores (quiebra de las cajas regionales, despilfarro…) perdiéndose muchas oportunidades. Hoy los desafíos a los que se enfrenta Valencia son inmensos: instauración de una nueva gobernanza transparente y participativa, fortalecimiento de su economía productiva y de su competitividad, refuerzo de la convivencia y la cohesión social, reducción de la pobreza, impulso a su proyección internacional, recuperación de una visión metropolitana, sostenibilidad, eficiencia energética…

Es necesario articular cuanto antes puntos de encuentro entre las instituciones y los agentes sociales que permitan tanto generar sólidos puentes de unión para una comunidad cada vez más heterogénea, como definir una hoja de ruta que posibilite afrontar con éxito los retos del futuro, haciendo las cosas de manera distinta a como se han hecho hasta ahora.

Valencia precisa que todas las personas y organizaciones involucradas en su progreso concierten con generosidad estrategias globales inspirándose en las recomendaciones de la Carta de Leipzig sobre Ciudades Europeas Sostenibles (2007). Es decir, fomentando la economía solidaria, la transparencia en la gestión, las oportunidades de formación y empleo, especialmente entre la población joven, y la provisión de servicios básicos a los más desfavorecidos y vulnerables.

Frente al autocomplaciente conformismo de las autoridades valencianas ante las altas tasas de paro, los recortes en sanidad y educación, el cierre de RTVV, el desmantelamiento del audiovisual, la paralización de programas e inversiones públicas… es imperioso reivindicar con Lefebvre el derecho irrenunciable de todos a vivir en una ciudad mejor y más justa que garantice la prosperidad de sus habitantes.

Hace falta un cambio si de verdad queremos recuperar una ciudad menos sumisa con los mercados especulativos y más cosmopolita, atractiva, fiable e influyente por su talento y creatividad. En suma responsable con los valores de equidad, justicia social, biodiversidad, sostenibilidad… y sobre todo, más fuerte económica, ambiental, social y culturalmente.

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