PUERTO Y CIUDAD: ¿ES POSIBLE OTRO ESCENARIO?
5 Septiembre, 2015
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PUERTO Y CIUDAD: ¿ES POSIBLE OTRO ESCENARIO?

 

Javier Domínguez Rodrigo.

Arquitecto.

 

El pasado 24 de mayo los valencianos pusieron fin al monopolio político popular de las últimas décadas, eligiendo otros dirigentes para afrontar los retos a los que la capital se enfrenta: endeudamiento, quiebra del actual modelo territorial, infraestructuras paralizadas (metro,…), turismo sostenible, desigualdad social,…

 

Los ciudadanos que han votado por el cambio, urgen una gobernanza transparente y participativa y el alcalde Joan Ribó tiene la responsabilidad de dar respuesta a esas expectativas. Haría bien impulsando la realización de auditorías medioambientales, económicas, patrimoniales,… que permitan detallar las principales anomalías para con la colaboración de los agentes sociales -Observatorios Municipales,…- priorizar y consensuar actuaciones.

 

Y una de las cuestiones que no admite demora es la reconciliación del cap i casal con su maltratada fachada al mar (poblats marítims, waterfront,…), tras el fracaso urbanístico de la America´s Cup. Consecuencia de errores planificadores (Gran Premio de Fórmula I,…), ausencia de criterios de viabilidad financiera, conflictos competenciales, obsesión por la prolongación de la avenida de Blasco Ibáñez…, hoy deben corregirse múltiples disfunciones.

 

La designación de un profesional de prestigio, el economista Aurelio Martínez como presidente de la Autoridad Portuaria, garantiza el diálogo entre el puerto y la ciudad, imprescindible para la modificación del Documento de Delimitación de Espacios y Usos Portuarios -DEUP- recuperando definitivamente la Marina Real como singular escaparate de la apertura al mar.

 

Compatibilizar las exigencias portuarias (tráfico, infraestructuras,…) con las demandas empresariales y los intereses generales del municipio requiere un adecuado marco de relación que permita restablecer equilibrios. Y sobre todo precisa de una visión global e integradora pues cualquier pieza aislada -Grau, Cabanyal, Nazaret, Dehesa del Saler,…- tiene un enorme valor propio.

 

Deben superarse las contradicciones y enfrentamientos anteriores asumiéndose los valores medioambientales e histórico-culturales imperantes. Porque la reestructuración funcional del borde urbano reclama articular un Plan para la totalidad del frente litoral, de la Patacona hasta el Perelló, que garantice tanto una estrategia metropolitana vertebradora como un desarrollo sostenible para los frágiles ecosistemas locales (la Albufera, l´Horta,…) y sus deterioradas franjas de transición.

 

Sería un error mantener esa concepción insularizada de puerto-barrio-playas como fragmentos aislados e inconexos, sin armonizar espacialmente el conjunto: nodo logístico en Sagunto, usos públicos en la dársena, conectabilidad,…

 

No cabe duda de que la inmediata derogación del PEPRI solicitando fondos europeos para la rehabilitación de las tramas históricas de Cabanyal-Canyamelar es un acierto del gobierno de coalición municipal. Pero recurrir a la fundación InnDEA para convocar con un plazo de diez días un concurso en agosto y adjudicar el diseño estratégico del barrio no parece lo más adecuado ni técnica, ni legal, ni estéticamente.

 

Ni es serio plantear un proyecto tan relevante en tan poco tiempo, ni parece ético que su supervisión y la toma de decisiones sobre el mismo se encomiende a una entidad cuyo objeto es el desarrollo tecnológico. El urbanismo afecta a todos y merece una gestión más responsable, transparente y participativa.

 

Formular una nueva centralidad portuaria enmendando el divorcio de la capital con su periferia marítima resulta esencial no sólo para el progreso industrial y tecnológico de la Comunitat, sino también para el reequipamiento de los distritos de Nazaret y Malvarrosa.

 

Gestionar un business plan focalizado en la implantación de un de innovación y creatividad -I+D+i- en la Zona de Actividades Logísticas clúster -ZAL- permitiría poner en valor las fortalezas de la Marina. Ésta debería atraer inversiones estratégicas y maclarse con los núcleos urbanos que la circundan haciendo de su espacio un verdadero lugar de encuentro ciudadano.

 

El puerto consolidado como una magnífica plataforma intermodal en el mediterráneo por su proximidad a la ruta Suez-Gibraltar no puede permanecer ajeno al devenir urbanístico de su hinterland.

 

Tampoco el ayuntamiento puede posponer más la resolución del encuentro con la costa y debe corregir tanto el efecto barrera del viario que rodea la dársena, como la degradación ambiental de la franja litoral: playas, cordones dunares,…

 

Ribó y Martínez se enfrentan al desafío de definir una interfaz puerto-ciudad sostenible, capaz no sólo de asumir de una vez implicaciones paisajísticas sino también de enmendar el proyecto anterior, cuya principal debilidad fue la falta de una idea-motor caracterizadora lo suficientemente atractiva para captar capitales exógenos y lograr apoyos empresariales y sociales entorno a la misma.

 

El diseño de la fachada al Mar -rehabilitación del marítimo, regeneración de las costas, protección de los ecosistemas acuáticos, recuperación de la dársena,…- constituye una gran oportunidad para el desarrollo económico (clusters tecnológicos,…) y la renovación física (mejoras dotacionales,…) de Valencia.

 

Esperemos que esta vez desaparezcan los egoísmos y la improvisación alcanzándose una estrategia a largo plazo que pueda ser compartida por una inmensa mayoría y que integre económica, territorial y culturalmente las diferentes dinámicas puerto-ciudad como han hecho con éxito Sidney, Estocolmo, Barcelona, Bilbao, Rotterdam, Sanghai, Seattle, Londres,…

 

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